Vivimos en una cultura donde muchas veces se habla del alcohol como parte “normal” de la vida social, y de la comida como algo que hay que controlar para no pasarse. Esa combinación puede parecer inofensiva al principio, porque aparentemente es comer menos porque hay una cena, compensar porque habrá copas o saltarse una comida para “equilibrar” el día.
Pero cuando esta conducta se repite, deja de ser una simple organización puntual y empieza a afectar a la relación con la comida, el cuerpo y la salud.
La alcohorexia aparece cuando una persona restringe comida, salta comidas o compensa lo que come para “guardar calorías” destinadas al alcohol. No es una simple decisión puntual ni una forma de “controlarse”. Puede convertirse en un patrón de riesgo donde se mezclan la presión por el peso, la culpa alimentaria y el consumo de alcohol.
La literatura también lo relaciona con términos como drunkorexia o alteraciones entre comida y alcohol, aunque no siempre se considera un diagnóstico clínico independiente.
¿Qué es la alcohorexia y por qué no debe normalizarse? Dejar de comer para beber
La alcohorexia suele implicar conductas como comer muy poco antes de salir, evitar comidas durante el día, hacer ejercicio para “compensar” o beber con el estómago vacío para no subir de peso.
El problema es que el cuerpo no funciona como una calculadora de calorías. Beber sin haber comido puede aumentar el riesgo de mareos, bajadas de energía, atracones posteriores, pérdida de control y una relación cada vez más rígida con la comida.
Además, los patrones de consumo intensivo de alcohol elevan el riesgo de daños agudos, como pérdidas de memoria o intoxicación.
El miedo a engordar detrás de la alcohorexia. ¿Por qué aparece? ¿Cuáles son sus causas?
La alcohorexia puede aparecer por miedo a engordar, presión social, cultura de la dieta, necesidad de control o culpa después de comer. También puede estar relacionada con momentos de estrés, baja autoestima o dificultad para gestionar la vida social sin sentir que “todo cuenta”.
Muchas veces empieza de forma sutil: “hoy como menos porque salgo”, “compenso mañana”, “si bebo, no ceno”. Pero cuando esa lógica se repite, la alimentación deja de ser cuidado y se convierte en negociación constante con el cuerpo.
Cuando este patrón se instala, la persona puede empezar a tomar decisiones desde el miedo y no desde el cuidado. Entonces, aparece el miedo a engordar, a perder el control, a “pasarse” o a no encajar en determinados planes sociales.
Por eso es importante detectar estas señales a tiempo y entender que el problema no está solo en lo que se come o se bebe, sino en la relación que se está construyendo con la comida, el cuerpo y la vida social.
Alcohorexia y tratamiento: nutrición, salud mental y acompañamiento
El tratamiento de la alcohorexia debe ser profesional y, en muchos casos, multidisciplinar. No se trata solo de “comer más” o “beber menos”, sino de entender qué hay detrás, Miedo al peso, culpa, ansiedad, compensación, consumo de alcohol y relación con el cuerpo.
La investigación muestra que los trastornos de la conducta alimentaria y los trastornos por consumo de sustancias pueden coexistir, por lo que es importante valorar ambos aspectos con cuidado.
Desde la nutrición, el objetivo es recuperar estructura, seguridad alimentaria, energía suficiente y flexibilidad, sin reforzar normas rígidas ni conductas compensatorias.
Un buen abordaje no busca sustituir una obsesión por otra, ni convertir la recuperación en una nueva lista de normas. Busca que la persona vuelva a comer con más calma, pueda sostener su energía durante el día y deje de utilizar la comida como castigo, compensación o moneda de cambio.
En este proceso, el acompañamiento profesional ayuda a recuperar confianza, identificar señales de riesgo y construir una relación más segura con la alimentación, el cuerpo y los planes sociales.
Alcohorexia atendida en nuestra consulta de nutrición
En Ainara Nutrición abordamos la alcohorexia desde la educación nutricional, el acompañamiento cercano y el trabajo progresivo con la relación con la comida.
Observamos señales como saltarse comidas antes de beber, miedo a “sumar calorías”, atracones tras salir, culpa al día siguiente, compensación con ejercicio o dificultad para disfrutar de planes sociales sin controlar cada decisión.
Nuestro trabajo como nutricionistas es ayudarte a volver a comer con calma, entender tus señales de hambre y saciedad, construir una alimentación suficiente y acompañarte para que la comida deje de vivirse como castigo, premio o moneda de cambio.
Cuidar tu alimentación también significa poder salir, disfrutar y volver a casa sin culpa. ¡Empieza a construir una relación más sana con la comida y con tu cuerpo!


