Marta llegó a consulta con una mezcla de frustración y desánimo.
«Entreno igual que mis compañeras, me esfuerzo igual o más que ellas, pero siempre estoy cansada. Hay días que termino mareada y siento que mi cuerpo no da para más.»
La natación era una parte muy importante de su vida. Le encantaba competir. Disfrutaba entrenando y tenía claro que quería seguir mejorando. Sin embargo, cada vez le costaba más seguir el ritmo de los entrenamientos.
Había días en los que llegaba a la piscina ya sin energía. Otros en los que terminaba las series completamente vacía. Y algunos entrenamientos ni siquiera podía acabarlos porque aparecían los mareos o una sensación de agotamiento difícil de explicar. Lo peor era que había empezado a pensar que quizá no tenía las cualidades necesarias para progresar.
«A veces siento que mi cuerpo no está hecho para esto.»
Empezamos a analizar la situación
En consulta hay algo que vemos con frecuencia en deportistas jóvenes. Muchas veces el problema no es entrenar poco. Es no disponer de la energía necesaria para entrenar bien. Cuando revisamos sus hábitos apareció algo importante.
Marta entrenaba muchas horas a la semana. Tenía una gran carga de trabajo dentro y fuera del agua. Pero su alimentación no estaba acompañando esas necesidades. Llegaba a algunos entrenamientos habiendo comido muy poco, pasaban demasiadas horas entre comidas, no recuperaba adecuadamente después de las sesiones. Algunos días simplemente no ingería la energía suficiente para todo lo que le exigía a su cuerpo.
Y poco a poco empezó a encajar todo. Su cuerpo no estaba fallando. Estaba intentando rendir con menos combustible del que necesitaba.
El problema no era la falta de talento
Este fue probablemente el momento más importante del proceso. Porque Marta llevaba tiempo pensando que el problema era ella. Pero cuando analizamos su situación vimos que su cuerpo estaba enviando señales muy claras: fatiga constante, mareos, recuperación lenta y dificultad para mantener la intensidad de los entrenamientos.
No era falta de esfuerzo. Era falta de energía disponible.
¿Qué hicimos?
Sabíamos que para mejorar el rendimiento necesitábamos trabajar en equipo.
Por eso, además de ajustar la alimentación, mantuvimos comunicación con su entrenador para coordinar la estrategia.
Porque cuando nutrición y entrenamiento avanzan en la misma dirección, los resultados suelen ser mucho mejores.
1. Adaptar la alimentación a los entrenamientos
Organizamos las comidas en función de los horarios y la intensidad de las sesiones. El objetivo era que llegara a entrenar con energía suficiente y pudiera mantener el rendimiento durante toda la sesión.
2. Mejorar la recuperación
Trabajamos especialmente lo que ocurría después de entrenar. Porque la recuperación de una sesión empieza prácticamente al terminarla. Ajustamos la alimentación para favorecer una mejor reposición de energía y una recuperación muscular más eficiente.
3. Coordinar nutrición y planificación deportiva
Junto con su entrenador revisamos cómo distribuir mejor las cargas de entrenamiento y las necesidades nutricionales de cada fase. De esta manera, su cuerpo podía adaptarse progresivamente al trabajo que estaba realizando.
¿Cómo fue el cambio?
A las 4 semanas
Los mareos prácticamente habían desaparecido. Las sensaciones durante los entrenamientos empezaron a mejorar de forma evidente.
A los 2 meses
Terminaba las sesiones con mucha más energía. Podía completar entrenamientos que antes le resultaban imposibles. Y empezó a mejorar sus tiempos en varias pruebas.
A los 6 meses
La evolución era espectacular. Había ganado confianza. Su rendimiento había aumentado de forma constante. Competía mejor. Entrenaba mejor.
Y pasó de ser una deportista que dudaba de sí misma a convertirse en una de las nadadoras con mejores resultados de su equipo.
Lo más importante
Más allá de las marcas y las competiciones, Marta entendió algo fundamental, y es que su cuerpo no estaba fallando, no le faltaba esfuerzo, no le faltaba disciplina. Lo que le faltaba era una estrategia adecuada. Cuando empezó a darle a su cuerpo la energía que necesitaba para rendir, todo cambió.
Y si te sientes identificado…
Si practicas natación o cualquier otro deporte y alguna vez has pensado: «Siempre estoy cansado.», «Me mareo durante los entrenamientos.”, «No consigo terminar las sesiones.», «Entreno mucho pero no mejoro.»
Es importante que sepas que no siempre el problema está en entrenar más. Muchas veces está en cómo alimentas y recuperas a tu cuerpo para poder adaptarse al entrenamiento, porque el rendimiento no depende únicamente de lo que haces en la piscina. También depende de todo lo que haces fuera de ella. Y cuando entrenamiento y nutrición trabajan juntos, los resultados pueden ser muy diferentes.

