Nerea llegó a consulta con 14 años y una idea muy clara en la cabeza. Le apasionaba el hockey sobre patines. Entrenaba varias veces por semana. Competía los fines de semana y tenía una ambición que ya se intuía desde la primera conversación: quería llegar lo más lejos posible en su deporte.
Sin embargo, había algo que le preocupaba. «Siento que puedo rendir más. Hay compañeras que parecen más rápidas y ágiles. A veces me noto pesada y no sé si es por mi alimentación o por mi peso.»
No hablaba de estética. Hablaba de rendimiento, de sensaciones, de esa percepción de que su cuerpo podía responder mejor de lo que estaba respondiendo y eso fue precisamente lo que empezamos a analizar.
Empezamos a entender qué estaba pasando
En consulta hay algo que explicamos mucho cuando trabajamos con deportistas jóvenes: el objetivo no es pesar menos, sino rendir mejor.
Cuando revisamos sus hábitos vimos varios aspectos que podían optimizarse, como la distribución de las comidas no era la más adecuada para sus entrenamientos, algunos días llegaba a las sesiones con poca energía, había momentos en los que la recuperación podía ser mejor y su alimentación era mejorable para las exigencias de un deporte tan intenso y explosivo como el hockey sobre patines.
Y aquí apareció una idea importante. No necesitaba hacer dieta. Necesitaba aprender a alimentar a una deportista.
El objetivo no era bajar peso
De hecho, una de las primeras cosas que trabajamos fue precisamente esa mentalidad. Porque muchas veces los jóvenes deportistas asocian rendimiento con pesar menos, pero la realidad es mucho más compleja.
Lo que buscábamos era mejorar su composición corporal.
Es decir, mantener y desarrollar masa muscular, optimizar los niveles de energía, favorecer la recuperación, y mejorar la capacidad de esfuerzo. Y todo ello respetando una etapa tan importante como la adolescencia.
¿Qué hicimos?
Trabajamos desde la educación nutricional. Sin prohibiciones ni dietas estrictas y sin obsesionarnos con números.
1. Aprender a comer para entrenar
Nerea entendió cómo influían los alimentos en su rendimiento. Aprendió qué necesitaba antes de entrenar, durante los días de competición y después de los partidos.
2. Mejorar la recuperación
Una parte importante del trabajo estuvo enfocada en ayudar a su cuerpo a recuperarse mejor de la carga de entrenamientos. Porque no solo importa cómo entrenas, también importa cómo recuperas.
3. Optimizar la composición corporal
A medida que mejoraba sus hábitos, su cuerpo empezó a cambiar. No porque buscáramos adelgazar, sino porque estaba recibiendo exactamente lo que necesitaba para rendir. Poco a poco fue ganando fuerza, mejorando su capacidad física y sintiéndose más ligera sobre los patines.
¿Cómo fue el cambio?
A las 4 semanas
Las primeras mejoras aparecieron en los entrenamientos. Más energía. Mejores sensaciones. Y una recuperación mucho más rápida.
A los 3 meses
Ya notaba diferencias claras en la pista. Se sentía más ágil. Más explosiva. Más segura de sí misma. Y sus entrenadores empezaron a percibir esa evolución.
A los 8 meses
La transformación iba mucho más allá de cualquier dato antropométrico. Había mejorado su composición corporal. Su rendimiento era claramente superior.
Competía a un nivel mucho más alto. Y había conseguido algo que meses atrás parecía un sueño lejano. Entrar en la selección de Euskadi.
Lo más importante
Pero la historia no termina ahí. Porque lo más bonito de este caso es que el trabajo continuó. Nerea siguió creciendo como deportista. Siguió aprendiendo. Siguió mejorando. Y actualmente se encuentra realizando pruebas para formar parte de la selección española. Un objetivo que hace unos años parecía muy lejano.
Lo más importante
Más allá de los éxitos deportivos, Nerea aprendió algo fundamental: la alimentación no es solo una herramienta para la salud, también es una herramienta para el rendimiento. No se trata de comer menos, se trata de comer mejor para lo que tu cuerpo necesita. Y cuando entendió eso, empezó a sacar todo el potencial que llevaba dentro.
Y si te sientes identificado…
Si practicas deporte y alguna vez has pensado: «Siento que puedo rendir más.», “Me noto pesado en los entrenamientos.», «No recupero bien.», «Entreno mucho pero no termino de explotar mi potencial.»
Muchas veces el problema está en aprender a alimentar correctamente el trabajo que ya estás haciendo, porque cuando nutrición, recuperación y entrenamiento trabajan juntos, el rendimiento puede dar un salto enorme. Y, en ocasiones, ese salto puede llevarte mucho más lejos de lo que imaginabas.

