Lucía llegó a consulta cansada de intentarlo.
«No entiendo qué hago mal. Cuido mi alimentación, hago ejercicio, pero parece que mi cuerpo no responde igual que el de otras personas.»
Llevaba años luchando con su peso. Había probado diferentes dietas. Había pasado por etapas de mucha restricción. Incluso había conseguido perder algunos kilos en determinados momentos, pero siempre le resultaba muchísimo más difícil de lo que esperaba.
Además, convivía con otros síntomas que cada vez le preocupaban más:
- Ciclos menstruales irregulares.
- Cansancio frecuente.
- Hambre constante en algunos momentos del día.
- Dificultad para perder grasa, especialmente en la zona abdominal.
- Sensación de frustración al compararse con otras personas.
Y lo peor era que había empezado a pensar que el problema era ella. «Siento que mi cuerpo está roto.»
Empezamos a entender qué estaba pasando. En consulta hay algo que puede cambiar completamente la forma en que una persona vive su situación y es entender por qué ocurre lo que ocurre.
Cuando revisamos su historia clínica y sus analíticas apareció una pieza fundamental del puzle. Lucía tenía síndrome de ovario poliquístico (SOP) acompañado de resistencia a la insulina. Y de repente muchas cosas empezaron a tener sentido.
La respuesta no era falta de esfuerzo
Durante años había pensado que simplemente no se esforzaba lo suficiente. Pero la realidad era muy distinta. Le explicamos algo que supuso un gran alivio para ella… Las mujeres con SOP y resistencia a la insulina pueden encontrar más dificultades para perder peso. No porque hagan las cosas peor o les falte voluntad, sino porque existen mecanismos hormonales y metabólicos que hacen que el proceso sea más complejo. Por primera vez dejó de sentirse culpable. Y empezó a entender que necesitaba una estrategia adaptada a su cuerpo.
El objetivo no era comer cada vez menos
Uno de los errores que había cometido en el pasado era intentar compensar la falta de resultados restringiendo más y más la alimentación. Pero cuanto más restringía, más hambre tenía, menos energía sentía y más difícil era mantener los hábitos.
Por eso decidimos cambiar completamente el enfoque. No íbamos a centrarnos en comer menos. Íbamos a centrarnos en ayudar a su cuerpo a funcionar mejor.
¿Qué hicimos?
Trabajamos desde la educación nutricional y la creación de hábitos sostenibles. Sin prohibiciones absurdas y sin buscar resultados rápidos.
1. Comprender cómo funcionaba su cuerpo
Antes de modificar la alimentación, dedicamos tiempo a entender el SOP y la resistencia a la insulina, porque cuando sabes qué está ocurriendo, resulta mucho más fácil tomar decisiones con sentido y mucho más difícil caer en la frustración.
2. Mejorar la calidad de la alimentación
Trabajamos especialmente la presencia de proteína en las comidas, el consumo de verduras y alimentos ricos en fibra, la distribución de los hidratos de carbono, la saciedad y la planificación semanal.
3. Construir hábitos sostenibles
También incorporamos actividad física adaptada a su situación y trabajamos aspectos relacionados con el descanso y el manejo del estrés, puesto que el SOP no se aborda únicamente desde el plato.
¿Cómo fue el cambio?
A las 4 semanas
La báscula apenas había cambiado, pero algo mucho más importante sí lo había hecho, tenía más energía, menos hambre entre comidas y una sensación de control que llevaba tiempo sin experimentar.
A los 2 meses
Empezaron a aparecer los primeros cambios físicos, las medidas corporales disminuían y la ropa empezaba a quedarle diferente, aunque la pérdida de peso era progresiva, por primera vez era constante.
A los 5 meses
Su cuerpo había empezado a responder. Había reducido peso y perímetro de cintura, se encontraba más activa, tenía una relación mucho más tranquila con la comida. Y, sobre todo, había dejado de luchar contra su cuerpo para empezar a trabajar con él.
Lo más importante
Más allá de los kilos perdidos, Lucía consiguió algo que llevaba años buscando, y era entender qué le ocurría, dejar de sentirse culpable, recuperar la confianza en sí misma y aprender hábitos que podía mantener a largo plazo. Porque muchas veces el mayor cambio está en dejar de pensar que tu cuerpo está fallando y empezar a comprender cómo funciona realmente.
Y si te sientes identificada…
Es importante que sepas algo. El SOP puede hacer que el proceso sea más complejo, pero eso no significa que sea imposible. Cuando entiendes cómo funciona tu cuerpo y construyes una estrategia adaptada a tus necesidades, los cambios llegan, aunque tarden un poco más de lo que esperamos. Pero sí de una forma mucho más saludable, sostenible y duradera.

