La sobreinformación y los efectos secundarios le hacían perder peso y masa muscular de forma acelerada.
María ya nos conocía, pues había llegado a consulta meses antes con un objetivo completamente diferente. Quería perder peso y mejorar su alimentación. Pero todo cambió de repente cuando, con 50 años, recibió un diagnóstico que nadie espera escuchar: cáncer de mama triple negativo.
El equipo médico le explicó que el pronóstico era favorable y que existían buenas opciones de tratamiento, pero también le explicaron que se trataba de un tipo de cáncer que requería un tratamiento intenso. Y a partir de ahí empezó una etapa completamente diferente. “Sé que me han dicho que el pronóstico es bueno, pero no puedo dejar de pensar en todo lo que puede pasar.”
Y entonces empezó la quimioterapia
En poco tiempo aparecieron los primeros efectos secundarios. Llegaron las náuseas, el cansancio, alteraciones del gusto, falta de apetito y, sobre todo, una pérdida de peso muy rápida. Lo que antes era un objetivo —perder peso— dejó de tener sentido.
Ahora nuestra prioridad era conseguir que María no perdiera más peso del necesario y mantener su estado nutricional y su masa muscular durante el tratamiento.
Una cosa es perder peso de forma planificada y otra muy diferente es perderlo porque el cuerpo está atravesando un tratamiento agresivo.
Empezamos a poner orden en medio del caos
María tenía muchísimas dudas y buscaba respuestas constantemente. El problema era que cada vez que intentaba informarse por su cuenta terminaba peor. Buscaba un síntoma, después otro, preguntaba a una IA, leía recomendaciones diferentes, encontraba información contradictoria y terminaba todavía más nerviosa.
“Cada vez que miro algo en internet acabo pensando que estoy haciendo algo mal.” Así que tomamos una decisión y era que, durante el tratamiento, nada de buscar respuestas nutricionales en la IA. No porque la información fuera necesariamente incorrecta, sino porque, en su caso concreto, la sobreinformación estaba aumentando su ansiedad y dificultando comer. Necesitaba menos ruido y más acompañamiento.
El objetivo ya no era comer perfecto
La meta, ahora, era conseguir que pudiera comer, porque prácticamente todo le sabía diferente. Había alimentos que antes disfrutaba y que de repente le resultaban desagradables, el agua tenía un sabor metálico, no tenía ganas de comer y algunos días el simple hecho de pensar en una comida le producía rechazo. Por eso cambiamos completamente el enfoque, buscábamos la alimentación que María pudiera tolerar ese día.
¿Qué hicimos?
Trabajamos de forma personalizada para que la estrategia se adaptara a cada momento del tratamiento.
1. Adaptarnos a los cambios de sabor
Probamos diferentes alimentos, preparaciones y combinaciones hasta encontrar aquello que le resultaba más agradable. Y con el agua hicimos algo tan sencillo como importante. Probamos diferentes sabores y formas de tomarla para conseguir que esa sensación metálica desapareciera o fuera mucho más llevadera, porque algo tan básico como beber suficiente agua puede convertirse en un problema cuando el sabor cambia durante el tratamiento.
2. Conseguir que mantuviera el peso
Fuimos adaptando las comidas a su apetito. Cuando podía comer más, aprovechábamos; cuando tenía poco apetito, buscábamos opciones más fáciles de consumir y nutricionalmente interesantes. El objetivo era aportar la energía y los nutrientes que necesitaba sin convertir cada comida en una batalla.
3. Proteger la masa muscular y recuperar progresivamente la fuerza
La pérdida de peso había venido acompañada de una pérdida importante de masa muscular que nos preocupaba especialmente. Por eso empezamos a trabajar conjuntamente con su entrenador del gimnasio.
Nutrición y entrenamiento tenían que ir de la mano, adaptando el ejercicio a cada momento del tratamiento con sesiones más suaves cuando tocaba, trabajo de fuerza cuando estaba en condiciones y descanso cuando era necesario. No queríamos que simplemente terminara el tratamiento pesando más, queríamos que llegara fuerte.
4. Gestionar el descanso y el estrés nocturno
El cuerpo estaba agotado pero la cabeza no descansaba. Por la noche aparecían todos los pensamientos sobre el diagnóstico, el tratamiento, la operación y el futuro, dificultándole muchísimo dormir. Por eso también trabajamos sobre los hábitos relacionados con el descanso y, cuando fue necesario, se valoraron con su equipo sanitario los apoyos y suplementos adecuados para ella. Nada al azar, nada por modas ni solo por tomar “algo para dormir”, sino únicamente aquello que tenía sentido en su situación y dentro del contexto de su tratamiento.
¿Cómo fue el cambio?
Durante los primeros ciclos
El objetivo era sobrevivir nutricionalmente a cada ciclo. Había días buenos y días malos, pero poco a poco empezó a encontrar alimentos que toleraba mejor, volvió a beber con más facilidad y consiguió mantener una ingesta mucho más estable.
A mitad del tratamiento
La situación empezó a cambiar. Había recuperado parte de la fuerza, el ejercicio adaptado empezó a formar parte de su recuperación y nutricionalmente conseguimos mantener mucho mejor su peso y frenar la pérdida de masa muscular.
Antes de la intervención quirúrgica
Llegó el momento que tanto tiempo llevábamos preparando… la cirugía. Esta vez no llegó como al principio del tratamiento; llegó alimentada, más fuerte, con mejor capacidad física y con una masa muscular mucho más preservada. Habíamos trabajado durante meses precisamente para conseguir que llegara a la intervención en las mejores condiciones físicas posibles, y lo consiguió.
Lo más importante
Este caso nos enseñó algo que repetimos muchísimo en consulta y es que, durante un tratamiento oncológico, la nutrición no tiene que buscar la perfección, tiene que adaptarse a la realidad del paciente.
A veces el objetivo será mantener el peso, otras veces será conseguir que pueda beber o encontrar una forma de que una comida vuelva a resultarle apetecible, y otras será conseguir que tenga la fuerza suficiente para poder seguir haciendo actividad física. En María, cada pequeño objetivo tenía el único propósito de llegar más fuerte al siguiente paso del tratamiento.
Hoy María se encuentra estupendamente. La mujer que durante meses estaba agotada, preocupada y sin saber qué comer ha recuperado su vida. Sigue cuidándose, sigue haciendo ejercicio y, sobre todo, ha recuperado su normalidad. Ahora tiene una preocupación muy diferente. “Ahora tengo que correr detrás de mis nietos y esos sí que no me dan tregua.” Y quizá esa sea la mejor forma de medir todo lo que ha cambiado.
Si estás atravesando un tratamiento oncológico y sientes que todo te sabe mal, que no tienes apetito, que el agua te sabe a metal o que estás perdiendo peso y fuerza, no necesitas tener toda la información del mundo. Necesitas tener la información adecuada para ti en el momento adecuado, porque durante un tratamiento oncológico no existe una dieta perfecta. Existe una estrategia que debe adaptarse a cada persona, a cada tratamiento y a cada etapa para conseguir que llegues al siguiente paso lo más fuerte posible.

